A los hijos no hay que consentirles el primer insulto tengan la edad que tengan.

"A los hijos no hay que consentirles el primer insulto, tengan la edad que tengan"

Roberto Pereira es director de Euskarri, el Centro de Intervención y Formación en Violencia filioparental; y vicepresidente de Sevifip, Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filioparental, presidida por Javier Urra y que nació en 2013 para dar respuesta a una demanda social preocupante y en ascenso

L. FERNÁNDEZ | Recientemente se ha publicado la memoria de 2013 del Instituto de Medicina Legal en la que se alerta del considerable aumento de casos de violencia filioparental, es decir, hijos que agreden a sus padres, un informe que, según Roberto Pereira, “no nos pilla de sorpresa“. “El incremento ha sido paulatino y constante desde que se registran estos casos, tanto en ámbitos judiciales como en servicios sociales o en justicia juvenil, que es desde el año 2003. También en las consultas lo hemos visto perfectamente”, explica el experto. Y matiza que estas agresiones han ocurrido siempre, sólo que eran casos con unas características concretas. “Antes eran toxicómanos que buscando dinero agredían a los padres, o un deficiente severo que les pegaba, o un joven que defendiendo a su madre o a sí mismo golpeaba a su padre”, describe. Ahora “es un tipo de violencia diferente. Son familias que aparentemente no tienen otro problema excepto ese. Ésta es la novedad y lo que ha hecho que este problema se haya hecho tan visible en la sociedad”, avala.

Definición de violencia filioparental

“Tenemos una definición que exige de entrada que las agresiones, que pueden ser tanto físicas como verbales o psicológicas, sean repetidas. Un solo caso de un mal día no lo consideramos violencia filioparental”, comenta el doctor Pereira. En concreto, el director de Euskarri ha realizado un estudio conjunto con expertos y la universidad de Deusto en el que se debatió este tema “y decidimos que hay un tipo leve y uno grave. Para calificarla de grave creemos que debe haber, al menos, seis agresiones de cualquier tipo durante el último año“. Sin embargo, alerta de que para evitar que el problema vaya a más “no es una cuestión de porcentaje, no se puede tolerar ninguna“.

Estas agresiones suelen recibirlas más las madres que los padres, pero “no por una cuestión de género”. “Todavía, en nuestra cultura, las madres están más sobreimplicadas en la educación de los hijos, están más en contacto con ellos, y también suelen estar más ‘entrampadas’ en la relación”, defiende Roberto Pereira. “Les cuesta más poner distancia y también se sienten más culpables si las cosas no van bien”.

Por qué suceden

Según el doctor Pereira, se podrían citar mútiples factores, como familiares, sociales, culturales, individuales… “El tipo de educación ha cambiado mucho. Tradicionalmente, era más autoritaria con unas normas más claras, había diferencias entre las generaciones, los padres y los hijos, ahora prima más la cercanía y los padres intentan más hacerse amigos de los hijos que situarse como padres”, describe. “Es decir, hay que educar, que significa dar afecto y atención, pero también saber decir que no”. Aparte de este hecho, este médico psiquiatra considera que “estamos viviendo en una sociedad que está siendo muy poco tolerante con una educación severa por parte de los padres y excesivamente tolerante con que los hijos usen la violencia”. Y pone un ejemplo. “Cuando yo era niño no era raro cruzar un parque y ver a una madre corrigiendo físicamente a su hijo, ahora no es raro ver a un niño corrigiendo físicamente a su madre, pegándole, tirandole del pelo, porque no le ha comprado la chocolatina o por lo que sea”.

Ante esto la solución suele ser “el término medio, pero es el más difícil de alcanzar”. Y no sólo por parte de las familias también en los colegios ha cambiado la forma de relacionarse con el alumnado. “Hace un par de temporadas hicieron un reality en televisión que metían a alumnos de ahora en un colegio con las normas de hace 30 años y chocaban. Eso es un buen reflejo de lo que ha sucedido en los centros. Antes si hacía falta se usaba incluso la violencia física y luego se pasó al extremo contrario. Ahora se están enmendando e intentando llegar a ese término medio”, detalla.

Cómo prevenir

La prevención pasa siempre por la educación. Los mensajes que se están transmitiendo a los padres es que tienen que aprender a decir que no, que una buena educación no es darles a los hijos todo lo que quieren y lleva consigo lo que se da y lo que no se da”, afirma este experto.

Pero ¿qué actitud puede ser la que dé la pista de que va a venir un problema grave? “Que los niños tengan rabietas es más o menos frecuente. Pero en la mayoría de las familias no se tolera que los hijos insulten a los padres y si sucede se pone remedio inmediato. La primera vez que se tolera un insulto a un hijo empieza la bola de nieve, independientemente de la edad que tenga el niño”, alerta el doctor Pereira.

En las rabietas de los pequeños interviene el concepto de frustración algo que los niños no conocen y que deben aprender en la infancia para saber canalizarla cuando crecen. “En esta vida no podemos obtener todo lo que queremos, o por lo menos no de manera inmediata, y eso tenemos que aprenderlo básicamente en la infancia. Es muy típica la pelea del padre o la madre con el niño porque quiere una golosina y habrá momentos en que se le dé y otros en que no, ‘porque vas a cenar’, ‘porque te acabas de lavar los dientes’, ‘porque ya has comido muchas’… Además, siempre está bien explicar, pero es casi imprescindible al final usar la autoridad, porque no todo es explicable o no todo es entendible”.

El trabajo y los abuelos

Actualmente cada vez es más habitual ver a abuelos haciéndose cargo de los nietos mientras los padres trabajan. Es tradicional tratar a los abuelos de consentidores, pero Pereira no considera que el hecho de que los abuelos crien a los nietos, les convierta a estos en pequeños tiranos. “El que sabe educar sabe hacerlo lo mismo con unos que con otros”, advierte. “Los abuelos tienen un roll distinto al de los padres, pero si son ellos los que los educan el roll ya no es diferente”.

Sin embargo, sí pone el punto de mira en el hecho de que los padres trabajen muchas horas fuera de casa. “Por ejemplo, una familia monoparental que tiene un hijo que es una satisfacción para él o ella tenerle, y tiene una jornada laboral larga, le queda poco tiempo para pasarlo con ese hijo por lo que pasarlo riñéndole porque no se ha lavabo los dientes, o para que se meta en la bañera, o porque no le compra las golosinas, no es la mejor manera de acabar el día. Por eso es entendible que muchos padres traten de que ese rato resulte lo más agradable posible, lamentablemente, eso se hace a costa de ceder a las exigencias”, especifica.

Soluciones

Encauzar una situación de violencia grave, aunque a priori pueda parecer complicado, es posible. “Las familias lo que quieren es que cese la violencia, no la convivencia. Entonces si se encauza esa convivencia y se trabaja con ambas partes, porque no se puede trabajar solo son unos, el hijo tiene que estar dispuesto a cambiar, se puede resolver”, asegura el especialista.

En cuanto a ciertos programas de la televisión que versan sobre este tema, considera que “muestra una realidad que existe y en ese sentido está bien, pero la gente tiene que tener claro que es un show como cualquier otro reality. Si creen que es trasladable a la vida real se van a frustrar, porque detrás de lo que se ve en pantalla hay una cantidad de recursos impresionantes. Si a cualquiera de los casos que nos llegan a las consultas se les dedicaran tantos recursos, no me cabe la menor duda de que todos se resolverían, pero también lo hacemos con recursos más modestos”, concluye.