¿Pero qué he hecho mal? El origen de todos los problemas psicológicos 

A menudo acudimos al psicólogos con ideas muy equivocadas sobre lo que nos ocurre. (Corbis)

Tan importante es para los pacientes que vienen a consulta solucionar sus problemas psicológicos como saber su origen. ¿Por qué he desarrollado este trastorno? ¿De dónde viene el que me comporte así? ¿Qué hice mal para que me pase esto?

Son preguntas que no sólo añaden culpa y angustia al propio problema sino que impiden buscar soluciones al mismo. Entender el origen y el funcionamiento de los problemas psicológicos es fundamental para poder tratarlos y para impedir que en el futuro surjan de nuevo.

El paciente a menudo plantea visiones erróneas acerca del origen de sus problemas:

  1. Es un trastorno innato. He nacido con mi problema y sentenciado por mi genética lo he ido desarrollando sin que pudiera hacer nada. Es algo crónico, interno y tengo que aprender a vivir con ello como si fuera una enfermedad o una tara.
  2. Es por culpa de lo que me pasó en la infancia: Mi problema es un trauma o consecuencia directa de lo que me pasó siendo un niño indefenso. Por ello mi problema tiene algo de oscuro, oculto e involuntario.
  3. Es el resultado de fuerzas ocultas que operan sin mi control. Yo no quiero ser así, pero mi subconsciente, mi karma o variables que actúan en contra de mi voluntad me empujan a comportarme de manera patológica.

La ciencia ha estudiado con ahínco cómo se generan los problemas psicológicos y ha corregido o matizado dichas ideas populares:

Es cierto que existen factores genéticos en el origen de nuestras conductas pero las teorías innatas son muy limitadas a la hora de explicar el funcionamiento de las mismas o de predecir los problemas que presentaremos. Es la interacción de la persona con el ambiente lo que va generando unas u otras conductas.

La inmensa mayoría de los problemas psicológicos, además, no pueden ser equiparados a enfermedades y tratar de catalogarlos de esta manera y hacerlos crónicos supone un inmenso error en el tratamiento clínico.

Estudiando los mecanismos de aprendizaje, desde el nivel celular al social, se es capaz de dar una explicación coherente y contrastada al origen y mantenimiento de los problemas psicológicos

También es verdad que las experiencias pasadas influyen en el desarrollo de las conductas, sean problemáticas o no, pero no se limitan a la infancia. Si bien las etapas iniciales de nuestra biografía son importantes por la estimulación y productividad de nuevos comportamientos, una conducta problema puede generarse en cualquier momento de nuestras vidas. Y no tiene por qué instalarse de manera permanente sino que también será susceptible de cambiar a través de sucesivas experiencias.

Por último, no tenemos control sobre muchas de las conductas que desarrollamos, en el sentido en que éstas no son voluntarias ni están dotadas de intencionalidad, pero eso no significa que su explicación esté en un plano oculto del conocimiento ni mucho menos que se deban a entes ajenos a la propia persona.

Lo que los estudios llevan estableciendo desde hace décadas es que los problemas, al igual que el resto de conductas humanas, son aprendidos.

Estudiando los mecanismos de aprendizaje, desde el nivel celular al social, se es capaz de dar una explicación coherente y contrastada al origen y mantenimiento de los problemas psicológicos.

La persona que tiene ansiedad lo puede hacer como respuesta a un entorno demandante que tal vez sea lo que tiene que cambiar

Sin embargo hay gente que se resiste a aceptar la explicación de la ciencia. Las tres visiones anteriormente expuestas tienen en común que niegan cualquier tipo de control o de responsabilidad sobre nuestros problemas. Parece más cómodo echar la culpa a nuestros genes o a nuestros traumas que a las decisiones que hemos tomado. Incluso aunque eso signifique vernos como enfermos crónicos o nos dé una visión de seres humanos defectuosos, puede ser una oferta tentadora frente a entender que nuestros problemas han podido cumplir una función en nuestro entorno. Inmediatamente se provocan nuevas desasosegantes preguntas ¿Eso quiere decir que yo he elegido tener este problema? ¿Está insinuando que le saco provecho? ¿Si no es algo que tenga yo cómo puedo deshacerme de ello?

Que los problemas se aprendan significa que:

1- Surgen de una interacción de la persona con el entorno. En ocasiones priman más las variables que heredamos o hemos ido adquiriendo y en otras las situaciones a las que nos enfrentamos pero siempre hay algo que podemos hacer para mejorar la situación. Y eso no tiene que hacernos sentir culpables ni indefensos, sino con un grado de control dentro de lo que el entorno nos permita. Por ejemplo, la persona que tiene ansiedad lo puede hacer como respuesta a un entorno demandante que tal vez sea lo que tiene que cambiar. Otras puede serlo por ser altamente exigente, pero eso es algo también aprendido y por tanto mejorable. Ni es crónico ni lo llevábamos dentro como una maldición.

2- En su momento pudieron ser funcionales. Los mecanismos de aprendizaje nos enseñan que muchas conductas, incluso aquellas que consideramos más disruptivas, pudieron cumplir una función en el pasado. Esto no significa que las provocáramos intencionadamente para conseguir beneficio o que no nos conlleven sufrimiento pero es maravilloso entender este lado “práctico” de nuestro problema. Como la persona que es introvertida y eso le sirvió para evitar momentos de tensión en su infancia o la que está constantemente comiéndose la cabeza por todo pero gracias a eso en el pasado pudo estar pendiente de muchas tareas importantes. Aquellas conductas las adquirimos y eso nos permitió hacer frente a problemas o salir del paso en situaciones difíciles, y si ahora se tornan desventajosas o se han ido convirtiendo en problemas mayores, ¡podemos volver a cambiarlas!

3- Se pueden desaprender: Otras conductas no se aprenden según este modelo operante y nunca supusieron una “ventaja” para la persona. Pero cumplieran una funcionalidad o se adquirieran por asociaciones estimulares o modelados erróneos de otras personas, todas las conductas pueden modificarse. Está muy de moda el término “desaprender” ligado a la capacidad del hombre de reinventarse en cualquier momento de su vida. En efecto, la ciencia avala que en cualquier momento de su vida una persona pueda eliminar conductas y generar otras nuevas. La persona que tiene ansiedad puede luchar por tener condiciones menos estresantes o modificar su propia exigencia, la persona introvertida puede aprender habilidades sociales y la que se obsesiona demasiado puede aplicar técnicas que le hagan desconectar….

En definitiva, que los problemas sean aprendidos no sólo es una excelente noticia para su tratamiento psicológico sino que, contrariamente a lo que piensan los que echan balones fuera a la hora de explicar sus problemas, aporta una dimensión más positiva y fascinante del ser humano.